Festival de Música entre atentados

En diciembre de 2016 viajé a Estambul, la gran urbe turca y mayor ciudad de Europa. Era mi tercer viaje a la antigua Constantinopla (Constantino-Polis), aunque también había estado en otras ocasiones en el aeropuerto Ataturk como conexión hacia otras ciudades, tanto de Turquía como a Varna, en Bulgaria.

En esta ocasión me acompañaba el cantante tinerfeño Zebenzuí Martín y viajábamos desde el aeropuerto Tenerife Norte con escala en Madrid, para participar en el Festival Internacional de Música «Shining Stars». que se celebraba en el Leyla Opera Center

El día 10 de ese mismo mes de diciembre un doble atentado había ocasionado 44 muertos y algo más de 100 heridos.
Nosotros viajábamos la semana siguiente, el día 18 y esto provocó que empezáramos a preocuparnos, tanto los que viajábamos como nuestras familias.

El 17 de diciembre, un día antes de nuestro viaje, otro atentado provocó la muerte de 14 soldados turcos y 2o heridos en la ciudad de Kayseri.

Ante esta noticia llamé al cantante y le pregunté si seguíamos adelante con el viaje, ya que podría ser no muy seguro viajar en esas condiciones que se me antojaban peligrosas en cuanto íbamos a un festival internacional con participantes de muchos países y podíamos ser un blanco fácil. Finalmente decidimos seguir adelante con el viaje.

Al bajar del avión de Turkish Airlines, por cierto, excelente compañía, y llegar a la terminal a través del «finger», un primer control de policías de frontera, de paisano, que nos pedían el pasaporte. Yo pasé primero y, sin problemas, tras mirar detenidamente el documento, me dijo que siguiera.
Me quedé esperando a que dejaran pasar a mi compañero pero le retiraron el pasaporte y le dijeron que esperara allí un momento. Ante la situación, retrocedí y volví a hablar con el policía al que le expliqué que éramos músicos y que íbamos a un festival, ante lo cual me preguntó datos del sitio, nombre del director y otra información al certamen. Le ofrecí que llamara al director del festival desde mi teléfono pero me dijo que no era necesario.

En medio del «interrogatorio», el policía que estaba al lado también pedía los documentos a dos ciudadanos peruanos a los que oí hablar en español, pero que no sabían inglés y no entendían lo que le estaban preguntando. Tonto de mí, intercedí para ayudarlos y les traduje lo que les preguntaba. Dijeron que eran dueños de una agencia de viajes y que viajaban a Turquía para crear circuitos turísticos y concretar destinos y visitas para llevar grupos de su país. Me agradecieron mi ayuda pero nunca entendí como dos propietarios de una agencia de viaje no sabían hablar inglés y tampoco como pretendían comunicarse. ?????

Después pensé: ¿y si llegan a ser delincuentes, terroristas o a saber qué,…y el policía hubiera llegado a pensar que yo los conocía o pudiera formar parte de una supuesta banda? A veces es mejor seguir el camino y dejar que cada uno saque sus castañas del fuego, me dije, y más en la situación en la que estábamos en aquel momento.

Al final, el amable policía nos dejó pasar y me dijo que se fiaba de mí porque yo tenía cara de buena persona. Ese fue su filtro y, claro está, que ambos pasaportes estaban en regla y no tenía más que objetar.

Después de ese primer control, el segundo, el de «Paganini», en el que por un llamado «visado» (3 segundos de poner un cuño en el pasaporte) tienes que pagar 35 euros para posteriormente pasar el clásico control de pasaportes por parte de la policía.

Por fin terminamos de pasar todos los controles y salimos al hall que nos conducía hasta la salida de la terminal hacia la calle. Tanto dentro del aeropuerto, como fuera, había por todas partes policías y soldados fuertemente armados.

Al día siguiente de nuestra llegada, el embajador ruso en Turquía, Andrei Karlov, fue asesinado.

Fotos: Con los participantes y miembros del jurado

El festival se celebraba el día 21 y, la noche anterior, el director del festival nos dijo que había recibido una llamada con amenazas de muerte para los participantes y que, por seguridad, el certamen se iba a llevar a cabo a puerta cerrada, es decir: sin público, salvo acompañantes. Y así fue.

El día 22 volvimos a casa y respiramos ya un poco más tranquilos cuando llegamos a Madrid y, a las pocas horas ya estábamos por fin en Tenerife para disfrutar de las fiestas navideñas en familia y del buen clima de mi isla.

Precisamente celebrando el fin de año con familiares y amigos nos llegó la noticia de otro nuevo atentado la misma noche del 31 de diciembre en el Club Reina, de Estambul con 39 muertos y 69 heridos.

Mientras unos lo único que saben es destruir y crear dolor, nosotros estuvimos allí compartiendo nuestra música con otros artistas de todo el Mundo, sin preguntarnos ni preocuparnos de cual era nuestra religión o a que partido político votábamos. No en vano, tenemos en nuestro haber dos importantes premios: «Premio de la Paz» y «Premio Hermanamiento de los Pueblos», fruto del buen hacer de un gran equipo que cada día, con su trabajo: crea, produce e interpreta música y establece vínculos culturales y de amistad con otras personas que son iguales que nosotros, sólo que viven en otros países, tienen otras tradiciones, religiones y hasta diferente color de piel pero que lo único que queremos y que quieren es que nos dejen vivir en paz.

Ah, me olvidaba: Segundo premio para Zebenzui Martín, pero eso ya es otra historia.